Noto
como la luz de tus ojos se va apagando, veo como te esfuerzas por avivar las
ascuas del fuego que un día iluminaba tú mirada. Solo quedan las cuencas vacías
que antes albergaban sueños y ahora duermen entre sollozos, guardando la oscuridad
del silencio, en el eterno despertar de tú mundo efímero da comienzo el miedo, pánico
a no poder expresar la rabia contenida que crece en el interior de un alma
perdida. La voz muda de alguien sin palabras es la esperanza de un cambio, la
acción de crear destrucción y los sentimientos recolectados del latir de un
corazón apaleado, te devuelven a ese estado de trance implantado. Buscas la
salida del laberinto vigilado por el fauno, ofreces sacrificios por tú
salvación pero solo consigues entrar en un bucle de sumisión.
A
veces consciente divago por la realidad, otras tan solo puedo soñar.